
¿Qué pasará cuando el velero de nuestra vida pierda su mástil?
Esa es la pregunta que se hace Xochitl Gonzalez en su tercera novela, Last Night in Brooklyn (2026) publicada el martes pasado por la prestigiosa casa editorial, Flat Iron Books.
La novela cuenta la historia de Alicia, una “chica Bori.” Hija de padres que son de vecindarios muy diferentes, Gravesend en Brooklyn, y Oak Bluff en Martha’s Vineyard. La madre es puertorriqueña y de clase trabajadora, y el padre es de la élite de artistas e intelectuales Negros.
La historia tiene lugar a finales de la primera década del 2000, cuando Alicia conoce a La Garza, otra mujer boricua, fenomenal, absolutamente dueña de si misma, y de una exitosa carrera como empresaria, en el momento de su apoteosis, y al borde de su precipitada caída.
Tiene lugar en el vecindario de Fort Greene, en Brooklyn, cuando comienza el proceso de su gentrificación meteórica, y de la igualmente precipitada caída de su autenticidad.
Es una novela nostálgica por un momento y por un lugar perdido, emblematizados por un ícono ya desaparecido. Se trata de un gran reloj que dominó el horizonte de Brooklyn durante cincuenta años desde la orilla del East River: un anuncio iluminado, de 15 pies de alto, sobre el techo de la antigua base de operaciones de los Testigos de Jeová, que deletreaba “WATCHTOWER” en luces incandescentes rojas.
En un momento del cuento, Alicia contempla el anuncio y se pregunta, ¿por cuánto tiempo más existirá? ¿Por cuánto tiempo más ese anuncio — que no es otra cosa que una versión de aquel otro anuncio de anteojos en el famoso poema de T.S. Eliot, “The Waste Land” –, velará por nosotros? ¿Por cuánto tiempo más observará nuestra vida desde su altura, garantizando el valor de nuestras personas?
El anuncio es una metáfora ominosa para las abuelas, las madres, las tías, las comunidades, los vecindarios que velan por nosotros, que nos cuidan y nos vigilan a la misma vez.
En otro momento, Alicia recuerda un proverbio español que su abuela le decía. Lo dice en inglés, dejando atrás el español original: “que cada palo aguante su vela.” Y es que con el paso del tiempo y con las tormentas que inevitablemente hacen desaparecer todos nuestros mástiles, todos los palos que sostienen nuestras velas, todos tenemos que aprender, a la fuerza, el verdadero significado de la independencia.
Y esa es la lección en el centro de esta novela sobre nuestra pertenencia a lugares y a personas que desaparecen con el tiempo, figuras que han velado por nosotros por tantos años, a quienes les debemos nuestra formación, y sin las cuales el velero de nuestra identidad tiene que seguir adelante.
Igual que Alicia cuando finalmente deja atrás a su familia, a su pandilla, y a La Garza, nosotros también tenemos que confrontar y asumir el viaje hacia nuestra independencia. Somos como Alicia al final de la novela, el palo y la vela de nuestro propio velero.
One response to “El palo y la vela”
Hay gran sabiduría en estas palabras publicadas. Los seres que piensan conocen las verdades expuestas y se comprometen de vivir con las realidades retadoras. Hay muchos, quizás la gran mayoría, que pasan por la vida como sonámbulos sin darse cuenta de nada.