
Empieza el semestre, y en mi clase sobre escrituras fronterizas, mis estudiantes y yo hablamos de La casa en Mango Street, el famoso libro que Sandra Cisneros publicó hace cuarenta años.
Cuando preparo la última clase sobre el libro, me encuentro con el capítulo titulado “Una casa propia.” “Una casa toda mía. Con mi porche y mi almohada, mis bellas petunias púrpura. Mis libros y mis cuentos.”
Busco en el internet algo que me de una pista para dar la clase, y me entero de que, en 1997, Cisneros pintó su casa en San Antonio, Tejas, color púrpura y sus vecinos se quejaron.
Cisneros se explica y dice que los colores son como la lengua materna, que nos recuerdan la cultura de donde venimos, y además que los colores nos suben los ánimos, y hacen que nuestros corazones den un salto de alegría.
Las palabras de Cisneros me recuerdan la casa de Mami en la Calle Marbella. Era una casa oscura con un cuarto de no estar lleno de reliquias familiares y obras de arte. Pero también era una casa con terraza. Y como sucede con muchas casas puertorriqueñas, la terraza era el verdadero cuarto de estar.
Era un cuarto fresco, abierto al patio, rodeado por ánforas de madera de Ponce, rescatadas por mi abuela. El piso era de losetas multicolores y el techo de tejas de barro cocido colorado, sostenido por unas enormes vigas de ausubo color azul turquesa.
Mami se sentaba en la terraza a hablar con todo tipo de visitas, desde mi abuelo, hasta Rafael Cancel Miranda cuando salió de la cárcel, veinticinco años después de atacar el Congreso Americano. Mami y su prima Olga montaban y emplanaban su revista Zona. Carga y Descarga en la terraza. Todos bajo el mismo techo azul turquesa.
En su ensayo, “Un cuarto propio,” Virginia Woolf, no se refiere al color de su casa. Pero habla del cuarto de estar. “La sensibilidad de la mujer, dice, se formó en el cuarto de estar. Allí percibía lo que la gente sentía, las relaciones personales siempre estaban frente a ella. Por eso, cuando la mujer de clase media empezó a escribir, escribió novelas.”
La casa en Mango Street lanzó la carrera literaria de Cisneros. Mami empezó su carrera de escritora poco tiempo después de construir la terraza de su casa. Y esa terraza fue mi lengua materna.
Mi esposa y yo compramos nuestra primera casita en Austin, Tejas en 1997. Igual que Cisneros, la pintamos púrpura, pero con la puerta amarillo canario en honor a las casitas de San Juan. Nadie se quejó, pero cuando la vendimos, la pintaron de blanco más rápido que ligero.
Cisneros termina su cuento con una frase extraña: “Sólo una casa silenciosa como la nieve, un espacio adonde ir, limpio como el papel antes del poema.”
Caigo en cuenta que nuestras casas son más que espacios físicos. También son un reflejo de nuestro espacio interior. Y hace falta un reino interior propio para vivir y escribir.
6 responses to “El reino interior”
Beautiful. And beautiful photo of your mother.
I certainly agree. Very moving.
Añado…con tu permiso, “. . . para componer música”.
Beni, que gran sensibilidad revelas en este escrito. Siempre es un gran placer leerte. Me transporto al Puerto Rico que tanta importancia tenía en mi formación como ser humano.
Abrazos a los dos. Francis
Gracias Francis por tu comentario y por tu suplemento que es tan importante. Qué seríamos sin el hueso duro de la música?
Me encantó!!!!!!! Pero, ahora me pregunto, que dice mi casa (Colorado) de mí? Porque es aquí donde me siento en casa, el apto de PR no me da ese calor.
Gracias Tere. Qué bueno que te haya gustado. 🙂