
“Escuchó la voz de su edecán, pero no le podía quitar los ojos al infierno que se desplegaba ante él en toda su terrible gloria.”
La primera novela de Cherie Pedreira Feeley (Alborada, 2025) comienza con las luces extrañas de la explosión del Maine, que prende la mecha de la Guerra Hispanoamericana, y termina con la invasión de Puerto Rico.
Pedreira Feely tuvo una larga carrera diplomática en los Estados Unidos, y es oriunda de San Juan. Su novela histórica narra eventos que tuvieron lugar en Puerto Rico durante los primeros cincuenta años del siglo XX, y describe las vivencias de un mundo de personajes entre los que se encuentran miembros de su familia ficcionalizados. Los retratos familiares están organizados por episodios históricos como el huracán San Felipe que brillan con una luz rara.
“La casa estaba sumida en un tenebroso crepúsculo a pesar de que el reloj de la sala marcaba las doce campanadas del medio día. No se veía nada por las ventanas, excepto la danza macabra de los pocos árboles que quedaban en pie, y los objetos que pasaban volando a gran velocidad hacia los cerros.”
Como Dorothy en el Mago de Oz, la autora transforma los famosos visitantes de la historia de Puerto Rico en aparecidos, como en el caso del piloto americano (Lindbergh) que se vuelve una paleta congelada (un límber), o el caso del zorzal criollo (Gardel) que se transforma en los pájaros que quedan después del viaje definitivo de Juan Ramón Jiménez. La novela termina con una referencia a la luz del jacho, ese famoso aparecido de la tradición popular puertorriqueña condenado a buscar sus cenizas por siempre en los cuentos de terror de nuestra infancia.
“Cuando las noches eran claras, los niños acompañaban a su abuelo a pescar. Al final del gran muelle donde atracaban los buques de carga los esperaba Salao, un empleado que se convertía en pescador al caer el sol. Bajo la luz tenue de crudos quinqués de fabricación casera llamados jachos, sacudía sus redes y trampas y las echaba al agua. Los niños siempre atrapaban jueyes, y el pescador se encargaba de curarlos antes de entregárselos a la cocinera de los Santillán.”
Cuando yo era niño, Norma, nuestra niñera en la Fortaleza, nos hacía cuentos de jachos, almas en pena que flotaban por la superficie de la bahía de San Juan durante las noches de luna llena. Esa misma alma en pena reaparece convertida en el alma boricua y luminosa en la novela, ahora descrita por el otro Pedreira, el de Insularismo.
“El alma boricua – concluyó el doctor Pedreira – es disgregada, dispersa…luminosamente fragmentada, como un rompecabezas doloroso que no ha gozado nunca de su integridad.”
Pedreira Feely ha dicho que el título de su novela se refiere al renacimiento del alba, pero su luz es más ambigua todavía. Alborada brilla con la luminosidad del alma en pena boricua que repite con Dorothy, “There’s no place like home.”
2 responses to “La luz de Alborada”
Lo leí hace poco. Toca fibras esenciales por que recoge vivencias muy nuestras. Es un hermoso librito. Como novela, estructuralmente no funciona muy bien pero si como “ crónica” de un momento histórico importante . Además de crónica de costumbrismo insular. Me gustó mucho.
Lo leí hace poco. Toca fibras esenciales por que recoge vivencias muy nuestras. Es un hermoso librito. Como novela, estructuralmente no funciona muy bien pero si como “ crónica” de un momento histórico importante . Además de crónica de costumbrismo insular. Me gustó mucho.